ATAECINA, LA DIOSA DE LA FERTILIDAD / PANTEÓN DE IBERIA
A ATAECINA se la vincula con la diosa Proserpina (la Perséfone griega), ya que, al igual que esta, su salida de los Infiernos tras la estancia con Endovélico (Hades en el mito clásico) da pie a la primavera. Su nombre significa, de hecho, Renacida, por lo que se la vincula con el renacer de la naturaleza y el ciclo de las estaciones.
El animal simbólico de ATAECINA es la cabra, junto a la que suele aparecer representada, y su árbol es el ciprés, que se plantaba en los lindes de sus santuarios. Se la conocía además como la Servatrix, debido a su carácter sanatorio, y un nombre completo muy extendido era ATAECINA TUROBRIGENSIS, en referencia a la ciudad de Turóbriga, donde se le rindió culto incluso tras la conquista romana.
El culto a ATAECINA estuvo extendido por toda la península, con multitud de representaciones en el arte íbero. En especial destaca su presencia en el arte religioso, desde altares a figuras, vinculándosela también a las famosas damas íberas. Muchas de estas representaciones presentaban huecos traseros para la introducción de ofrendas a la divinidad.
Fue destacable su culto en Lusitania, de ahí que en las actuales Portugal y Extremadura aparezca en sendos yacimientos e incluso sea mucho más reconocida que en otras partes de la península.
ATAECINA es un buen paradigma de las deidades íberas debido a su doble función como diosa telúrica (de la tierra o los Infiernos) y de la naturaleza, lo que ayuda a comprender el carácter religioso de estos pueblos.

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